domingo, 15 de junio de 2008

CERRAR LOS OJOS Y FINGIR QUE NADA PASA... (III PARTE)

Ella era la razón de muchos problemas... Por eso a veces llegaba sin querer decir nada a su trabajo. Se dejaba ver triste. Y si bien con el paso de la jornada recuperaba su humor habitual y era feliz. Bajo la piel habían grietas que seguían escondiendo rastrojos de pena, que después se expandían lentamente hasta su cabeza.

En algunas oportunidades quería acercarse a él y contarle cosas, desahogarse. Pero no. A fin de cuentas tenía que recordar las palabras que le decía su madre cuando comenzó a notar que lo del sufrimiento en ella era crónico, que inevitablemente había heredado la mente inestable de algunos ancestros:
"El sufrimiento es parte de la vida. Hay que aprender a pararse sola. Cerrar los ojos y fingir que nada pasa"
Si a fin de cuentas las personas no eran paños de lágrimas que una podía andar utilizando a diestra y siniestra. Aunque tenía que admitir que la debilidad en ella era tan fuerte, que en ocasiones necesitaba apoyo y nunca había nada. Le daba rabia ser así, porque los débiles no eran bien mirados. Los débiles siempre eran arrinconados y deshechados de la vida.

Se sentía débil, especialmente cuando su madre le decía que era la razón de muchos problemas y sabía que en el fondo no era su intención, que se lo decía para que recapacitara por todo el tiempo perdido. En el fondo no lo hacía por maldad y cuando recordaba aquello, quería llamarlo y pedirle que la escuchara, porque apenas conociéndolo, pensaba y sentía que era él la única persona que podría confortarla sólo con tomarse un tiempo y oírla. Pero no. Era mejor sentarse en la cama, cerrar los ojos, aguantarse las lágrimas y fingir que nada pasaba. En soledad. Porque solos vinimos al mundo y de la misma manera nos iremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario