martes, 14 de abril de 2009

UNA MUJER QUE NO QUERÍA SER NOTORIA...

Una mujer muy atribulada, sentada en medio de una vereda cualquiera, se preguntaba constantemente que hacer para dejar de ser notoria, y una voz sin cuerpo que vivía desde hace mucho en su cabeza le dijo:
“Levántate de la vereda y vuélvete una más”
La mujer, aún atribulada, se levantó y caminó. Puso la cara de hastío de todos. Se metió las manos en los bolsillos, como todos. Y fingió no ver a nadie, como todos.

Aún así las dudas persistían.

Volvió a preguntarse:
“Las ideas me atormentan. Tengo tantas que se me hace imprescindible escribirlas en todos lados… Ya no quiero escribir. Ya no quiero pensar ¿Qué hago yo para no escribir?”
La voz volvió a decirle:

“¡Córtate las manos!”

“Pero de nada me vale, porque las ideas puedo expulsarlas a través de la boca…”, respondió…

“¡Córtate la lengua!”, le replicó la voz.

“Me quedarán los ojos, que seguirán entregándome imágenes que despertarán más ideas”, siguió ella.

“Quémate los ojos”, arremetió enérgica la voz.

“¿Y la mente?... ¿Qué hago si ella sigue trabajando?”, porfió ella.

“Deja de respirar… Húndete en la oscuridad y no salgas más de ahí”, continuó enardecida.

La mujer se detuvo en medio de la masa humana en donde estaba inmiscuida ¿Era acaso tan drástica la decisión para dejar de ser atormentada por la creatividad exagerada que padecía?

A su alrededor la gente comenzó a notarla, unos siguieron pasando, otros en cambio se detuvieron y parecieron leer su mente. Una pequeña multitud la alzó por los aires mientras la observaban maravillados y aún así le era imposible descubrir cual era la gracia de ser conocido por otros. Admirado por otros.
“Córtate las manos, córtate la lengua ¡Quémate los ojos!… ¡Deja de respirar!” Seguía repitiéndole la voz.
A medida que la multitud aumentaba, el miedo también. Y ella sólo quería que el caos terminara. Y ante sus ojos se abrieron puertas infinitas y miles de personas le aclamaban… Los gritos de aquellas personas acallaron la voz inquietante que le reventaba la cabeza y de un momento a otro se vio libre. Se vio notoria. Se vio creadora. Se vio escribiendo y pensando. Hablando de sus ideas y observando el mundo para nutrirlas. Era la libertad de ser ella misma.

Y a lo lejos una canción de David Bowie sonaba incansable:
“Hay un hombre estrella esperando en el cielo. Nos dijo que nos haría volar, porque sabe que todo eso vale la pena”…

lunes, 13 de abril de 2009

EFECTO MARIPOSA...

Mi pieza está hecha un asco. Antes estaba llena de recuerdos que tiré a la basura. Ahora está llena de papeles y en los meses siguientes continuará acumulándolos.
"Todavía me acuerdo de la cara de tu compañero cuando vió todo lo que tenías en tu pieza", me comentó mi madre ayer, haciendo referencia al episodio de "M".
Yo la escuché, no le dije nada pues... Claro ¿Por qué ella tendría que saber que no quiero verlo más? Aunque creo que lo presiente (Es mamá y esa especie tiene un sexto sentido) y por eso me lo mencionó.

Yo ando tranquila. Trato de estarlo. Por lo menos extender el shock un poco más. Me ha durado tres meses el asuntito este de no reaccionar ante los eventos extraños que me han ocurrido. El efecto placebo se está derritiendo de a poco...

Ahora recuerdo cuando dije esto... O cuando hablé de esto otro. Entonces pensaba que el asunto se había olvidado y que todo no sería más que una anécdota típica que contar o que guardarse para sí misma en el futuro. Las cosas se decantaron en algo peor. Mientras "M" vivía su tragedia griega en Curicó, yo vivía una mucho más griega acá... No me molesta haber pasado por todo eso sola, al final fue todo un cúmulo de falsas alarmas que no hicieron más que generar un ambiente de mala suerte... Un negativo tras otro. Una y otra vez mientras sentía el cambio accionarse en mi cuerpo, pero la ciencia decía No y con esa respuesta me quedé. Un cúmulo de mala suerte fue aquello... Nada más... Eso me dijo un médico que examinó mi desastre y aunque lo hubiese sabido... Nisiquiera el haber tenido la certeza desde un principio de su existencia en mí habría evitado que todo terminara como terminó.

Él no lo supo hasta que decidí contárselo para que nunca más quisiera verme. Con él todo es al modo de los cobardes. Nada es de frente. Las epístolas son impersonales y fue así que debí decírle lo que pasó. Lo conozco un poco y sé que eso terminará haciendo de él una alimaña que escapará arrastrando más rápido que cualquiera. A sus actuales deseos de no verme por razones que nunca he conocido... Se suman estas. Yo no quiero verlo. Me daña demasiado verlo... Porque inmediatamente siento este vacío en el vientre y es que desde hace tres meses es como andar con un agujero profundo de lado a lado. Hay un vacío... Un agujero oscuro y doloroso. El shock se desvanece despacio y cuando se diluya voy a reaccionar ante esto que pasa.

No creo que esto le interese y la verdad es que a mí todo ya me importa tan poco. Incluso hablar de esto en este lugar, porque la cabeza me va a explotar y ya me cansé de andar fingiendo por la calle que nunca me pasó esto y que no me duele. Que soy fuerte como un roble, porque hasta esos se caen. Me duele contar los meses y ver que nada en mi cambie.

Muchas veces le tuve rabia... Pero al final el asunto fue tan fortuito que nadie acá tiene la culpa. Nisiquiera yo, que soy mujer, la que siempre es culpable en estos asuntos. Nadie la tiene. Las cosas pasan por algo y yo no sé porque pasó esto. Porque estuvo dentro de mí. Porque finalmente se fue de mí.

Lo único que pienso cuando me acuerdo es que debí faltar a clases el día en que lo conocí y que por último debí tratarlo mal para que no me hablara nunca. Como en "Efecto Mariposa"... Volver el tiempo y actuar diferente. No contestar ninguna llamada y quedarme en casa. Cerrar los ojos y no despertar... Haber hecho las cosas bien para poder desaparecer.

domingo, 12 de abril de 2009